Entiendo la dirección de arte como una disciplina que va mucho más allá de lo visual. Es una herramienta que ayuda a contar historias, a ordenar ideas y a construir coherencia entre el espacio, los personajes y la emoción que se busca transmitir.
Cine y teatro: aprender a adaptarse a cada lenguaje
He participado en más de 40 películas, entre ellas Mistura, El mudo y Hasta que nos volvamos a encontrar. Cada proyecto ha sido una oportunidad para trabajar con equipos distintos, estilos diversos y presupuestos variables, lo que me ha permitido fortalecer una capacidad clave en esta profesión: la adaptación.
En el teatro, experiencias como La tribu y Full Monty me enseñaron que la dirección de arte dialoga directamente con el espacio escénico, el cuerpo del actor y el tiempo real. A diferencia del cine, aquí cada decisión visual ocurre frente al espectador, lo que exige precisión, sensibilidad y una comprensión profunda del ritmo de la puesta en escena.
Dirección de arte en publicidad: claridad y eficiencia creativa
En el ámbito publicitario he colaborado con marcas como Hyundai, Sodimac y BCP. En este contexto, cada proyecto representa un reto distinto que exige claridad conceptual, eficiencia en los procesos y una mirada creativa alineada a los objetivos del cliente.
Uno de los aprendizajes más importantes ha sido entender que la creatividad también se expresa en la forma de optimizar recursos, ordenar flujos de trabajo y acompañar cada producción desde el inicio hasta su cierre, asegurando que las decisiones artísticas sean viables, coherentes y efectivas.
Dirección de arte y trabajo colaborativo
Creo profundamente en la dirección de arte como una herramienta narrativa poderosa, capaz de sostener y potenciar cualquier proyecto audiovisual o escénico. Pero también creo que ningún proyecto se construye en solitario. El trabajo colaborativo es clave para desarrollar proyectos sólidos, consistentes y memorables, donde cada área aporta desde su especialidad a un resultado común.